30
Dic
09

Los libros más destacados de la década según La Vanguardia

La Vanguardia elige los libros de la década.

1. 2666 (Anagrama)
Roberto Bolaño (2004)

La novela póstuma de Bolaño resume las nuevas formas de narrar el mundo al filo del nuevo milenio, un mundo abierto, múltiple, global, sin un eje central. 2666 es como un gigantesco compendio literario alimentado por decenas de relatos, estilos distintos, un narrador oculto (¿el Arturo Bentano de Detectives salvajes, una de las máscaras ficticias del propio Bolaño?) en busca de un centro también oculto del mundo. Es un mural de la historia del siglo XX, la búsqueda de las raíces del mal, juego literario, alegoría, realismo, fusión de alta cultura con la cultura popular… En una misma oración, Bolaño comienza con una carcajada y la hace acabar con el espanto. La novela enlaza con las estructuras narrativas de Cervantes, Sterne o Flann O’Brien y con las actuales de Vollmann, Chabon, Fresán o Foster Wallace. En uno de sus textos se imagina como un eternauta describiendo el mundo desde el espacio, el escritor y el filósofo como detective en busca de una explicación del mal que siempre se le escabulle porque está en uno mismo.

2. Acción de Gracias (Anagrama)
Richard Ford (2008)

Ford lleva a escena de nuevo a Frank Bascombe, que ya había protagonizado El periodista deportivo (1986) y El día de la independencia (1995). El título original, The lay of the land, ha sido traducido en España como Acción de Gracias (la novela empieza con la preparación de la fiesta norteamericana del 4 de noviembre con su primera mujer, ahora viuda). Es el año 2000. Rotas sus ilusiones como escritor, el agente inmobiliario vive en Nueva Jersey, tiene ya 55 años, sobrevive a un segundo matrimonio y a un cáncer de próstata, con los restos de su familia (Paul y Clarissa), además de un hijo disfuncional, otro muerto a los nueve años y teniéndoselas que ver con un socio budista de su agencia. Bascombe es el antihéroe de la clase media (más probable que el Rabbit de Updike, menos metafísico), capaz de ofrecer aforismos como esta perla: “Hay verdaderamente tan pocas cosas inexplicables en el mundo. ¿Por qué es un lugar tan difícil para vivir?”. La novela pasa en tres días: tiempo para que se celebre un funeral, un suicidio, un accidente de coche, fallos en la estructura de su casa, una bomba en un hospital.

3. Tokio Blues (Tusquets)
Haruki Murakami

Uno de los booms literarios de la década que engrosa además el plantel de creadores japoneses en Occidente. Los protagonistas de la novela son adolescentes frágiles que han vivido experiencias dolorosas y que han de madurar con el contacto con la muerte. Toru Watanabe se enfrenta al dilema de si quiere seguir el cauce señalado (una multinacional) o emprender la ruta del outsider. Contra el dolor no hay cura ni antídoto, sólo cabe atravesarlo para aprender que es uno de los argumentos de la vida. Murakami retrata personajes femeninos de gran fuerza, inadaptadas y sensibles. Es un retrato lacerante y de superación ante la adversidad, con viajes a las zonas que las revistas fashion suelen mantener tras un velo: clínicas, el mundo de la mendicidad, ahora tan presentes en los libros.

4. La fiesta del chivo (Alfaguara)
Mario Vargas Llosa (2000)

Retrato de una de las dictaduras más crueles y caprichosas del siglo XX. El novelista peruano mezcla elementos reales con otros ficticios para narrar, en tres líneas de trama distintas, el último día de un tirano que esclavizó a tres millones de dominicanos, la conspiración para acabar con su vida y los recuerdos de Urania Cabral, que regresa a la isla en 1961 para ver a su padre. No es ni Tirano Banderas ni Yo, el supremo ni El otoño del patriarca, Vargas Llosa mantiene el suspense de la novela negra y entrecruza personajes de toda calaña –Macbeth en el Caribe–, para mostrar los efectos devastadores de la tiranía y sus servidores en los seres humanos.

5. Soldados de Salamina (Tusquets)
Javier Cercas (2001)

A partir del fusilamiento frustrado del dirigente falangista Sánchez Mazas, Cercas creó un punto de inflexión en la manera de narrar la Guerra Civil, sin los maniqueísmos de los dos bandos cuando las heridas estaban aún demasiado recientes. Cercas tiene una clara voluntad de buscar los héroes anónimos de la historia que predicaba Walter Benjamin. El soldado comunista y sentimental incapaz de rematar al enemigo indefenso y que después lucha contra la ocupación nazi bajo el mando del general francés Léclerc. En la novela hay también una pesquisa y una ambigüedad sobre si el soldado Miralles es o no quien salvó la vida del ideólogo de Falange. La obra de Cercas fue el primer best seller español de larga duración, más allá del año en que fue publicado. David Trueba rodó una versión cinematográfica con Ariadna Gil como protagonista.

6. París no se acaba nunca (Anagrama)
Enrique Vila-Matas (2003)

Mezcla de ficción, autobiografía y ensayo, Enrique Vila-Matas llegó al gran público con una obra en la que regresa al París de su juventud, de sus inicios de escritor, cuando escribía La novela ilustrada. En sus páginas y en sus calles se cruza con su casera, Marguerite Duras, con Juan Marsé, Georges Perec o Julio Ramón Ribeyro. Un libro de autoficción, rebosante de humor, en el que la literatura y la vida se confunden, personajes que leen su vida y un relato de las aventuras y desventuras que protagoniza el aprendiz de escritor que creyó que París era el lugar donde aprender el oficio de escribir, como había creído Hemingway, el novelista aventurero, entonces modelo de escritor para quien acabó fijándose en Joyce.

7. Austerlitz (Anagrama)
W. G. Sebald (2001)

Sebald era un apasionado de los archivos, de la memoria: “Recordar a los muertos nos distingue de los animales”, decía. Descubrió una forma de ficción no ficción, mezclar textos –deslizaba a propósito erratas para el descubridor de gazapos– con fotografías y mapas, buscando la participación del lector. La culpa no se niega, se experimenta. Su personaje Jacques Austerlitz, en busca de sus orígenes, carga con un inquietante bagaje de recuerdo, historia y amnesia. Sebald empezó a publicar tarde y murió a los 57 años, de un accidente de automóvil. Hoy es un escritor de culto; es decir, idolatrado y odiado.

8. El cor del senglar (Edicions62)
Baltasar Porcel (2000)

La novela tiene uno de los inicios más vigorosos de la literatura catalana reciente, con un léxico que rompe la monotonía del catalán estándar de las novelas urbanas. Porcel echa mano de su mitología personal en una novela sobre la que vuela la personalidad arrasadora de un contrabandista que parece una mezcla del aventurero mallorquín socarrón, de Edmond Dantès y del Humphrey Bogart de Tener y no tener. En las votaciones ha pugnado con su novela L’emperador o l’ull de vent, sobre la tragedia de los prisioneros de las tropas napoleónicas confinados en la desierta isla de Cabrera.

9. Millennium (Trilogía) (Destino)
Stieg Larsson (2008-2009)

Las tres obras de Stieg Larsson han sido sin duda el fenómeno editorial de la década, junto con la serie Harry Potter y el best seller El código Da Vinci, de Dan Brown. El signo del decenio cambió con la crisis, y aquí no hay secretos esotéricos ni símbolos arcanos que descubrir, sino asesinos muy reales, un periodista con ánimo social reivindicativo y un personaje femenino, Lisbeth Salander, una Pippi Calzaslargas adulta que poco tiene que ver con heroínas como Lara Croft: freaky, violada y resolutiva. El boom de Larsson fue el culmen de la novela negra nórdica.

10. El millor dels mons (Quaderns Crema)
Quim Monzó (2001)

La ironía comienza ya con el título. El millor dels mons es el libro más pesimista de Monzó, trece cuentos en los que su humor se tiñe aún más de negrura, el mismo tintero que debía utilizar Raymond Carver. La crueldad de Vacances d’estiu, el ocultamiento buñuelesco de la muerte en El meu germà, las mentiras afiladas de Les cinc falques, el comportamiento del ser humano en L’accident, incluso la figura de la madre (¿es o no es una prostituta?) o la cascada de gravísimas enfermedades que se desatan en un cuento que se titula… ¡La vida perdurable!

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