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‘La Vanguardia’ elige las 50 películas de la década

JOSEP MASSOT | Barcelona | 25/12/2009 

El siglo XX acabó con la caída del muro de Berlín, pero el XXI despertó con el derrumbe de las Torres Gemelas, un devastador tsunami, una profunda crisis financiera y, para más desconcierto, un cambio social y cultural alentado por una vertiginosa carrera de innovaciones tecnológicas. Los periodistas y críticos de ‘La Vanguardia’ inician hoy una serie en la que hacen balance de esta década –los ingleses la han bautizado noughties, los años 00–, analizando los hechos más destacados en cine, libros, música, artes escénicas y artes visuales.


En cine, el decenio comenzó con un adiós, con la obra póstuma de un grande del siglo pasado, Saraband, de Ingmar Bergman, y terminó con la revolución Avatar, de la artesanía de taller a la inventiva de laboratorio. En la lista de películas más votadas, Woody Allen pone el humor, Denys Arcand y Kaurismaki el sentido de amistad y Tim Burton la fantasía surrealista como alivio a filmes que reflejan con una crudeza inusual a una sociedad angustiada por sus demonios: la soledad, la desolación emocional, la incomunicación, la violencia extrema, las perturbadoras raíces del mal, el ajuste de cuentas con el pasado, el miedo al mañana o la dificultad de amar.

Para Jordi Batlle, “si hay un cineasta que ha marcado la década, significativamente lo ha hecho más desde la pequeña pantalla (Alias y, sobre todo, Perdidos) que de la grande.” Batlle cree que la animación ha conseguido legitimidad cultural o adulta, con autores como Miyazaki (El viaje de Chihiro) y destaca que el “cine producido en Catalunya ha marcado territorio y no tiene rival, sobre todo en cine de creación: Jaime Rosales, Albert Serra, Marc Recha, Isaki Lacuesta, Cesc Gay y los más veteranos Guerin, Portabella y el malogrado Jordà”. El crítico expresa un lamento: los espectadores españoles se han perdido “maravillas imprescindibles” como Un couple parfait (Nabuhiro Suwa), Juventude em marcha (Pedro Costa), Les amants réguliers (Philippe Garrel) y Flandres (Bruno Dumont).

Lluís Bonet destaca la vitalidad del cine de autor (de Almodóvar a Sokurov), y “aportaciones tan relevantes como las obras de Guerin, Rosales o Portabella”. En el cine europeo, el crítico subraya el testimonio descarnado de realidades que se ocultaron: La vida de los otros (Florian Henckel-Donnersmarck), El hundimiento (Oliver Hirschbiegel), Buenas noches, y buena suerte (George Clooney) o el turco Fatih Akin en Contra la pared.

Salvador Llopart observa que, con la crisis, se ha agudizado en Hollywood la hegemonía de las secuelas, las sagas y las franquicias, generalmente de tono infantil y presupuestos millonarios. “Lo que lleva también –explica– a la crisis de un cierto tipo de cine independiente, el que ha dominado los Oscar durante los últimos años. Un cine de pequeñas productoras, apoyadas por los grandes estudios y que ahora cierran”. En segundo lugar que “el cine para adultos se infantiliza mientras que, paradójicamente, el cine infantil se hace más adulto, con títulos como Coraline o Up“.

La clasificación de estas páginas ha sido elaborada a partir del cruce de listas individuales confeccionadas por ocho periodistas y críticos de ‘La Vanguardia’ sin voluntad de establecer ningún canon y con una mirada plural: Miquel Molina, Jordi Batlle, Lluís Bonet, Juan Bufill, Jordi Batlló, Pedro Vallín, Salvador Llopart y Josep Massot. Al pretender esa pluralidad o dividirse el voto entre varios filmes del mismo autor, han quedado fuera títulos tan destacados como Zodiac, Vals con Bashir, Master and Commander, Persepolis, Malditos bastardos, Pequeña Miss Sunshine, Donnie Darko, Gerry, 2046 o Antes que el diablo sepa que has muerto y cineastas como Daldry, Spielberg, Claire Denis, Cantet, Lumet, Greengrass, Recha, J.J. Abrams, Manoel de Oliveira o el tailandés Apichatpong Weerasethakul.

1. Saraband
Ingmar Bergman (2003)

Bergman mueve con maestría a sus personajes habituales como si fueran un cuarteto de instrumentos para hilar sus diálogos confesionales, impúdicos, llenos de reproches, de sentimientos de culpa, de soledad, de frialdad emocional y de desencanto final. El cineasta, con 85 años, llamó de nuevo a escena a Johan (Erland Josephson) y Marianne (Liv Ullman), la pareja de Escenas de un matrimonio, 32 años después de su separación. “Dado que ha sido excesivamente dogmática, mi visión de la vida se ha ido disolviendo gradualmente. Ya no tengo”, decía Bergman al final de su vida (murió en el 2007). El filme es una pieza de cámara cerrada en sí misma, casi como aquellos ajustes de conciencia que se hacía en tiempos más religiosos. Aquí, de una dureza sin piedad. La música de Bach, el cuarto movimiento de la Suite n.º 5 para violonchelo, da el tono a un filme marcado por silencios y ausencias. El paso del tiempo no cura, ni redime, sino que pone al espectador ante su espejo. Un tiempo lento que aburre al que tiene prisa o al que busca entretenimiento.

2. Gran Torino
Clint Eastwood (2008)

Buena parte de la carrera de Eastwood ha estado marcada por su éxito como actor. Él fue uno de los rostros del cine de los setenta y ochenta; el rostro de Harry el sucio, sin ir más lejos, aquel que nunca pedía perdón ni sentía culpa. Hacía lo que tenía que hacer, sin una palabra ni un gesto de más… Pues bien, el mejor cine de Eastwood como director, desde entonces, no ha dejado de hablar de culpa, de perdón y también de redención. Con dos hitos evidentes en su larga trayectoria. En primer lugar Sin perdón, y luego este Gran Torino que, no olvidemos, era la marca de coche que conducía aquel Harry de magnum imponente. ¿Parodia de sí mismo, quizá? En cierto sentido, sí. Ese personaje mayor y malhumorado que protagoniza Gran Torino podría ser aquel inspector Harry Callahan, ya retirado. Y también metáfora de un Estados Unidos que, inquieto por los cambios, no olvida lo que es justo. Esa América de barras y estrellas capaz del sacrificio por ideales como justicia, igualdad y felicidad. En Gran Torino, elegante filme de lágrima contenida, Eastwood se redime, y de paso, nos redime un poco a todos.

3. La Vida de los Otros
Von Donnersmarck (2006)

Tras la mirada comprensiva, tierna, más nostálgica que crítica de Good bye, Lenin! (Wolfgman Becker, 2003) el estreno de La vida de los otros, tres años más tarde, resultó un mazazo sobre las conciencias europeas. Dirigida por el debutante Florian Henckel von Donnersmarck, del que uno está tentado de decir “de los Donnersmarck de toda la vida”, el filme golpeó por donde el cine es siempre más efectivo, por el lado de la emoción. Ni cien tratados habrían transmitido con igual fuerza el agobio, la vergüenza, el abuso y el miedo que había sufrido la extinta RDA, dominada por una casta de poder insensible y burocratizada. Hizo falta el rostro contrito de su protagonista, el actor Ulrich Mühe, tristemente fallecido, para que identificáramos, en su mirada, la mirada lúgubre de toda una época.

4. Caché-Escondido
Michael Haneke (2005)

Haneke, del que se hablará mucho el próximo año, por su inminente y muy premiada La cinta blanca –en Cannes, y como mejor película europea–, ya exploraba en Escondido ese difuso sentido de culpa que se identifica como el mal oculto ¿De dónde viene ese mal? ¿Y adónde nos lleva? Thriller con crimen pero sin culpable –al menos, sin culpable evidente–, Escondido se engancha para siempre al recuerdo. Defendida con pasión por Daniel Auteuil y Juliette Binoche, todo en ella es puro desasosiego. Algunos creen descubrir el secreto de todo en la escena final, pero uno piensa que en definitiva no hay secreto, porque todo en el filme es evidente, sin misterio.

5. 4 Meses, 3 semanas, e días
Cristian Mungiu (2007)

Otro filme crítico con la sociedad comunista –en este caso, Rumanía bajo Ceausescu– que se encarama a los primeros puestos de la década. La hipocresía, de nuevo, de una moral oficial que dista mucho de encontrase con la realidad social. Una joven quiere abortar fuera de tiempo y, para hacerlo, deberá bregar con las miserias –más espirituales que físicas– de todo aquello que la rodea. El comunismo realmente existente como cristal de aumento de las taras morales de aquel periodo histórico y, por extensión, una mirada al corazón podrido de –algunas– personas. La película, sencilla en su planteamiento y de lenguaje visual directo, se pasea por el infierno. Pero, afortunadamente, lo hace por el lado de la compasión. Es una denuncia, sí, pero Mungiu no abandona a sus heroínas tristes, Otilia y Gabita, a su suerte. Por el contrario, las sigue de cerca en su calvario.

6. Million Dollar Baby
Clint Eastwood (2004)

El clasicismo de Eastwood detrás de la cámara, a veces (como en este caso), da lugar a equívocos y su audacia narrativa queda disimulada por su aparente falta de pretensiones. Million dollar baby, como años antes ocurrió con Los puentes de Madison, se esconde bajo los mimbres de un drama crepuscular y abunda en la relación paterno filial (como en Gran Torino o Un mundo perfecto), pero se revela (y se rebela) como una poderosa tragedia amorosa. Además de esa subversión genérica, el tinglado se sostiene por la elegante forma de rodar de Eastwood, que concede espacios de intimidad al aprendizaje y el dolor de sus personajes. Cuatro Oscar, incluidos mejor película y mejor director, refrendan un filme que ya es un clásico.

7. Deseando amar
Wong Kar Wai (2000)

El triunfo del esteticismo. La belleza al servicio de la mirada de Wong Kar Wai. Una mirada hecha imágenes, o mejor, pura atmósfera por la magia del director de fotografía, Christopher Doyle. El lugar, Hong Kong. El momento, los primeros sesenta. Y los protagonistas, los imprescindibles Maggie Cheung y Tony Leung. Pero en realidad Deseando amar carece de coordenadas. No las necesita. Habita un lugar que podemos llamar el reino del melodrama, donde manda el gesto lento, la voz callada, el reflejo de la lluvia en la noche y el humo de un cigarrillo que lo rodea todo con una elegancia desmayada.

8. El pianista
Roman Polanski (2002)

El pianista judío Wladyslaw Szpilman tocaba un nocturno de Chopin en una radio polaca cuando la Luftwaffe arrasó la emisora. Tenía 27 años y pronto sería recluido en el gueto de Varsovia, donde tocaba en garitos de traficantes de mercado negro y colaboradores judíos. Gracias a uno de ellos logró escapar de los trenes de la muerte. Muchos años después su hijo halló sus memorias y las publicó. Una historia parecida a de Polanski, que el cineasta presenta de un modo realista, gracias a la interpretación de Adrien Brody. ¡Ah! Al acabar la guerra, Szpilman concluyó el nocturno interrumpido.

9. Un hombre sin pasado
Aki Kaurismaki (2002)

Una obra maestra de Kaurismaki, con guiños al cine de Dreyer y al humor surrealista del cine mudo, que muestra con una fotografía hiperrealista los paisajes de la pobreza y un mundo sórdido donde el amor y la amistad es la palanca que activa la salvación de sus protagonistas. Un hombre pierde la memoria y ha de recomenzar su vida de cero, despreciado por las instituciones y acogido por unos mendigos. Es la metáfora cristiana del morir una vida de desesperanza para renacer a otra, una fábula empapada de alegre tristeza, de personajes lunáticos del teatro absurdo.

10. Dogville
Lars von Trier (2003)

Una mujer (Nicole Kidman) llega a un pueblo perdido huyendo de los gángsters. Los habitantes viven en la humildad y el temor de Dios, pero poco a poco van mostrando su despotismo con la muchacha hasta esclavizarla. Lars von Trier se inspiró en Brecht para filmar la mezquindad de un pueblo en los años de la depresión y cómo el poder que la gente tiene sobre un individuo corrompe. Es también una historia de la venganza final de esta larguísima película (177 minutos). El espectador logra olvidar que las casas del pueblo estén representadas con rayas de tiza.

11. El arca rusa (Sokurov)
12. Memento (Nolan)
13. Bowling for Columbine (Michael Moore)
14. En construcción (Guerin)
15. Bailar en la oscuridad (Lars von Trier)
16. El hombre que nunca estuvo allí (Hermanos Coen)
17. Olvídate de mí (Grondy)
18. Traffic (Soderbergh)
19. Mulholland Drive (Lynch)
20. Up (Docter/Petersen)
21. Crónica de un asesino en serie (Bong Joo-ho)
22. El bosque (Shyamalan)
23. Match point (W. Allen)
24. Naturaleza muerta (Jia Zhang Ke)
25. Infiltrados (Scorsese)
26. Master and Commander (Weir)
27. La soledad (J. Rosales)
28. Invasiones bárbaras (Arcand)
29. Ratatouille (Brad Bird)
30. La mejor juventud (Marco Tullio Giordana)
31. La cinta blanca (Haneke)
32. Inland Empire (Lynch)
33. La habitación del hijo (Moretti)
34. Hable con ella(Almodóvar)
35. Mystic River (Eastwood)
36. Love actually (R. Curtis)
37. Los espigadores y la espigadora (Agnès Varda)
38. La inglesa y el duque (Rohmer)
39. Primavera… (Kim Ki-duc)
40. Oldboy (Chan-wook Park)
41. Kill Bill (Tarantino)
42. Crash (Paul Haggis)
43. Promesas del Este (Cronenberg)
44. Elephant (Gus van Sant)
45. Réquiem por un sueño (Aronofsky)
46. Volver (Almodóvar)
47. Big Fish (Tim Burton)
48. Amores perros (Iñárruti)
49. Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson)
50. Ciudad de Dios (Meireles)

http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20091225/53853508870/la-vanguardia-elige-las-50-peliculas-de-la-decada-eastwood-bergman-wong-kar-wai-oscar-harry-oliver-h.html

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