25
Oct
09

Pinto, luego existo. Entrevista Santiago Cárdenas, artista plástico colombiano

Santiago Cárdenas (Bogotá, Colombia, 1937) hizo un gran descubrimiento: fue apenas hace tres años que aprendió a pintar. El artista plástico, que revolucionó el arte latinoamericano por su modo de ver los objetos cotidianos, triviales y hasta insignificantes, se ríe como un niño al confesar que no sabía pintar. Incluso se sonroja al decir que sus anteriores obras le parecían horribles. Así es este hombre que se reveló ante una época, ante el expresionismo abstracto y la masificación para seguir los pasos a la figuración en el dibujo y la pintura.

“Ahora es que me siento igual de cómodo con el dibujo y la pintura, porque al fin aprendí cómo era que se pintaba. ¡Es que pintar al óleo es muy complicado! Soy uno de los pocos que sigue ejerciendo esa actividad. Ahora muchos pintan en acrílico o con cualquier material que sea fácil para secar”, dice Cárdenas, quien estuvo de paso por Caracas para la apertura de la exposición de Xavier Mascaró, y no aparta de su mente una futura exposición en la capital.

-¿Cómo que no sabe pintar?

-Aprender me tomó años. Aprendí a pintar hace tres años. (Risas). Lo que pasa es que la pintura no es sólo mezclar color. Pintar es como la música: se deben poner las notas en un orden para que produzcan sonido. A los colores también hay que ponerles cierto orden para que tengan un impacto visual. Aprender eso toma su tiempo. ¡Entonces fue que descubrí que soy un tipo lento! Lentísimo para aprender. Alguien me preguntó por qué no hacia escultura. ¡Te imaginas! Si me tomó toda la vida aprender a pintar… No, ya estoy muy viejo.

-Cuando dibuja tiene un lenguaje espontáneo, pero con la pintura es más racional. De hecho en el dibujo hay más presencia humana. ¿Por qué esas diferencias?

-El dibujo es de por sí una cosa más espontánea. Uno puede dibujar cualquier cosa. Con el lápiz puedes hacer cualquier raya sin pensar. Mientras que la pintura requiere un poquito más de concentración. No puedes simplemente untar un pincel con pintura. Tienes que decidir con cuál pincel y con cuál pintura. Es más intelectual. Eso ya te distancia del dibujo.

-Su trabajo se basa en ver al ser humano detrás de los objetos.

-Me di cuenta de que los objetos que uno encuentra a la mano dicen más que los que se buscan. Es algo autobiográfico. Me pareció que eso tan simple era tan importante como retratar una batalla o hacer una crítica social.

-Logró que todos dudaran cuál es la frontera entre lo real y lo imaginario. ¿Por qué ponerlos a dudar?

-Es que el primero en dudar fui yo. A mí me parecía extraño que las demás personas no dudaran, que estuvieran tan seguras de su existencia. Por eso comencé a pintar estos cuadros en los que trataba que la gente dudara. La pintura no puede ser un simple ejercicio decorativo. Tiene que tener una función más allá, más importante: involucrar al espectador en la pintura. No sólo para darle cierto placer visual en su ambiente, sino para que se pregunte por qué es así. Es una pregunta filosófica: pienso, luego existo.

-Y ahora que descubrió que sabía pintar, ¿no duda?

-Sí, claro que sí. Yo sé que aprendí a pintar, pero cada vez que veo los cuadros viejos digo: ‘¡Uy, qué cosa tan fea! ¿Cómo hice eso?’ Ahora siento que lo estoy haciendo un poquito mejor.

-¿Esas mejoras se deben a su lenguaje de ir y venir?

-Creo que sí. El ambiente influye en uno tremendamente. Al menos en mi caso no puedo inventar un ambiente impoluto, apartado de mi realidad. Por lo menos ahora estoy pintando flores. ¡Yo juré que nunca iba a pintar flores! Me parecía banal. Una vez una pintora me dijo: ‘Maestro, mucho gusto. Soy fulanita de tal. Soy pintora, pero no crea que soy de las que pintan flores’. No sabía dónde meterme: yo estaba pintando flores.

-Pero si no hay nada más cotidiano que una flor…

-Eso lo aprendí ahora. Estoy trabajando en unos cuadros muy grandes que llamo Los cuadros blancos. Son básicamente sombras. Tiene algún aspecto que considero ecológico. Es una especie de recordatorio de que la naturaleza se está acabando. Coloco las sombras de lo que fue.

-Muchos curadores no pueden calificar su obra. Pop, hiperrealismo y expresionista. ¿Es un rebelde en el arte?

Sí, he sido un rebelde. Uno tiene que ir por su propio camino, hacer lo que siente. Cuando estuve en la escuela hacía lo contrario de lo que me decían mis profesores. Me decían: ‘Es un artista pop’. Y no lo era.

-Pero entonces ¿cómo calificaría usted su trabajo?

-Yo nunca he podido calificar mi obra. Cuando la gente me pregunta qué hago le digo que soy un pintor realista y ya.

Dubraska Falcón

Publicado en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/2009/07/05/til_art_pinto,-luego-existo_1461532.shtml

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